INSATISFACCIÓN CÍCLICA

Por Santiago Rafael Caba Abreu
La insatisfacción no es una expresión por falta de alguna cosa o de algún hecho u objeto material que ha sido, o es, un anhelo que alguien se propuso y no alcanzó. Es un sentimiento con el cual construimos nuestras vidas, y al no lograr edificar los propósitos diseñados, desde nuestra ingeniería, produce una sensación generalizada o específica de las expectativas en las que, en particular, hemos visualizado la felicidad.
La Biblia nos invita a arrepentirnos cuando hay quejas y murmuraciones en nuestro corazón.

Usando las distintas reflexiones de la conducta de una persona cuando ésta se siente insatisfecha, se entiende que, su visión del mundo y de sí misma, se ve alterada y genera una sensación de desconexión y falta de significado respecto de su futuro, porque se asimila a una reprobacion. Es como haber reprobado el examen de vida.
Pero, no todas las insatisfacciones están ligadas a hechos vinculados a un propósito individual personal, puesto que las mayores decepciones provienen de los compromisos confiados a otros.

Así las cosas, las obligaciones que se delegan por efecto del ejercicio soberano de la elección popular, donde interviene el colectivo para escoger la representación política en el ámbito de los poderes públicos, suponen la actividad en las que se generan mayores insatisfacciones.
Habrán múltiples explicaciones, pero la insatisfacción colectiva tiene su origen en la desigualdad de ingresos, salarios bajos, inflación y falta de oportunidades laborales. Esto genera inseguridad, exclusión social, deterioro del bienestar personal e inestabilidad política, conforme estudios sociales expuestos por distintos organismos mundiales y expertos en economía política.
Entonces, no se trata de un pensamiento ideológico simple, en función de un partido en el ejercicio del poder político por un período determinado, sino de una realidad social y económica que gobierna las expectativas de la gente, y se expresa de manera insatisfecha, porque los partidos, gobiernos o sociedad, no construyen los sentimientos de la felicidad individual. Por tanto, siempre habrá que lidiar con los sentimientos de insatisfacción del ser, y siempre habrá nuevas expectivas creadas, en base a los discursos ideológicos que construyen esperanzas futuras, pero que, agotado su ciclo, la realidad golpea duramente los sentimientos de la gente y vuelve a sentir las mismas insatisfacciones. Se trata de una espiral social que se repite de forma ascendente y transita las mismas situaciones en cada etapa de la vida humana.

En conclusión, la insatisfacción no es un sentimiento de origen político, sino un estado de ánimo que se manifiesta ciclicamente y se inspira en la transformación de nuevos paradigmas ideológicos para generarle nuevas esperanzas a la sociedad. Luego habrán otras decepciones que generará una nueva necesidad de cambio y, en fin, cada vez se irá repitiendo esa tarea social, como fórmula de esperanza para renovar la fe en un futuro mejor, esto es pura dialéctica.



