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El lambonismo y el adulonismo en la comunicación práctica que permea medios tradicionales y redes sociales en República Dominicana

Por Julio Andrés Peña Lovaton.

El lambonismo” y el adulonismo  en la comunicación: práctica que permea medios tradicionales y redes sociales en República Dominicana*

Académicos de la comunicación, gremios periodísticos y sectores de la sociedad civil advierten sobre el crecimiento del “lambonismo” y el “adulonismo” como práctica en espacios informativos de República Dominicana, una tendencia que consiste en favorecer de forma desproporcionada a políticos electos por voto popular, funcionarios civiles, militares y policiales, así como a empresarios, comerciantes y figuras famosas, a cambio de dádivas, publicidad, favores o acceso.

De la prensa tradicional a las redes sociales

Lo que antes se asociaba a ciertos programas de radio, periódicos y espacios de televisión, hoy se replica con fuerza en plataformas digitales.

La conducta, conocida popularmente como “tumbar polvo” o “dar coba”, es visible en cuentas de influencers de TikTok, Facebook, Instagram y en cadenas de difusión de grupos de WhatsApp, donde se difunden contenidos exaltando gestiones, minimizando críticas o atacando adversarios de las figuras favorecidas.

El fenómeno migró y se amplificó. Ahora cualquier persona con un celular y seguidores se convierte en caja de resonancia. El problema es cuando se disfraza de periodismo o de opinión independiente lo que en realidad es promoción pagada no declarada”, explicó la catedrática de Comunicación Social de la UASD, doctora Maribel Guzmán.

Cómo opera la mala práctica

Según periodistas consultados, el “ambonismo” se manifiesta de varias formas:

Coberturas complacientes*: Notas que solo recogen la versión oficial, sin contraste ni datos.

Agenda dirigida

Se priorizan inauguraciones, cortes de cinta y declaraciones, mientras se ignoran denuncias o problemas comunitarios.
Ataques por encargo*: Uso de espacios para desacreditar a opositores o a quienes cuestionan al funcionario o empresario favorecido.

Conflicto de interés no declarado*: Comunicadores que reciben contratos de publicidad, “ayudas”, nombramientos o promesas de empleo, sin informarlo a su audiencia.

“Hay quienes tienen un tarifario: un post en Instagram cuesta tanto, un ‘live’ alabando a un alcalde cuesta tanto, un ataque a un contrincante cuesta tanto. Eso no es comunicación, es relaciones públicas encubiertas”, denunció un directivo del Colegio Dominicano de Periodistas (CDP), que pidió reserva de su nombre.

Alcance nacional: de las grandes ciudades a las provincias

Aunque el fenómeno es más visible en Santo Domingo, Santiago y otras grandes ciudades por el volumen de recursos y audiencia, representantes del CDP y del Sindicato Nacional de Trabajadores de la Prensa (SNTP) aseguran que también ocurre en las provincias de la República Dominicana.

En los pueblos, el comunicador local a veces depende de la publicidad del ayuntamiento, de la gobernación, del senador o del empresario fuerte de la zona. Si no ‘tumba polvo’, no come. Ahí hay un dilema ético y económico muy serio”,

En grupos de WhatsApp municipales, es común ver audios y textos reenviados masivamente donde se resalta la “gran obra” de un alcalde o se defiende a un oficial policial cuestionado, sin presentar evidencias ni dar espacio a la contraparte.

Factores que lo alimentan

Expertos identifican cuatro elementos que sostienen la práctica:

Precariedad laboral, : Bajos salarios y falta de seguridad social empujan a comunicadores a buscar ingresos extras.
Cultura del favor*: La política clientelar dominicana normaliza el intercambio de elogios por beneficios.
Falta de regulación en lo digital*: A diferencia de los medios tradicionales, en redes sociales no hay códigos de ética vinculantes ni mecanismos claros para declarar publicidad política.
Audiencias que lo consumen*: Parte del público premia el contenido afín a sus simpatías y castiga la crítica, lo que incentiva el “adulonismo” como modelo de negocio.

Consecuencias para la democracia y la credibilidad

La Sociedad Dominicana de Diarios y el CDP coinciden en que el “lambonismo” deteriora la calidad del debate público, desinforma a la ciudadanía y resta credibilidad al oficio periodístico. “Cuando el ciudadano no sabe si lo que lee es noticia o publicidad, se rompe el contrato de confianza. Y sin confianza, no hay democracia funcional”, advirtió el presidente de la Fundación Prensa y Democracia.

Además, la práctica coloca en desventaja a los candidatos, empresarios o comunitarios que no tienen recursos para pagar por exposición positiva, distorsionando la competencia.

Qué proponen los gremios

Transparencia*: Que todo contenido pagado, en medios o redes, se etiquete como “publicidad” o “contenido patrocinado”.
Formación ética*: Reforzar las cátedras de deontología en las escuelas de comunicación y entrenar a influencers sobre responsabilidad informativa.

Mejores condiciones laborales*: Salarios dignos y contratos formales para periodistas, para reducir la dependencia del “favor”.
Autorregulación y veeduría ciudadana*: Códigos de ética actualizados que incluyan el ecosistema digital y observatorios que monitoreen la propaganda encubierta.

Conclusión

El “lambonismo” y el “adulonismo” no son nuevos en la comunicación dominicana, pero las redes sociales le han dado alcance, velocidad y nuevos protagonistas. Combatir esta mala práctica requiere voluntad de los comunicadores, responsabilidad de los políticos, empresarios y funcionarios que la promueven, y una ciudadanía crítica que exija información verificada en lugar de elogios a cambio de prebendas.

Mientras persista la lógica de “yo te menciono bien si tú me ayudas”, el derecho a la información de calidad seguirá amenazado tanto en las grandes urbes como en la provincia más apartada del país.

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