Política

Cuando el cargo pesa más que la gratitud: el olvido político tras ganar una curul

Por Santos Vásquez. 

En la República Dominicana, ganar una posición electiva como diputado o senador es el resultado de meses de trabajo territorial, movilización y sacrificio de cientos de personas que rara vez aparecen en los medios.

Dirigentes comunitarios, líderes religiosos, coordinadores de campaña, jóvenes de base y comunicadores locales dedican tiempo, recursos y relaciones personales para construir el voto que lleva a un candidato al Congreso, sin embargo, una vez asumida la posición, una parte de esos funcionarios electos tiende a romper el vínculo con quienes fueron su estructura de apoyo.

El fenómeno se repite en varias provincias del país con matices similares. Durante la campaña, el candidato recorre barrios, bateyes y secciones rurales, participa en reuniones con juntas de vecinos, almuerza en casas de dirigentes y se compromete a mantener una relación cercana. Se construye un equipo que deja de lado sus ocupaciones y, en muchos casos, su vida familiar, para garantizar la presencia del candidato en cada rincón del territorio.

El voto que se materializa el día de las elecciones es, en buena medida, producto de esa red de confianza local, pero sobre todo se incrementa el movimiento político en busca de las personas que han de sufragar a favor del diputado o senador x por el cual su equipo promueven para lograr alcanzar la posición.

Al llegar al Congreso, el escenario cambia. Algunos legisladores concentran su gestión en Santo Domingo, reducen las visitas a su provincia, delegan la atención ciudadana en personal administrativo y dejan de responder a las llamadas de quienes fueron su primer anillo de apoyo. El trato se vuelve distante, y la comunicación pasa de ser directa a mediada por filtros y agendas.

En los casos más marcados, ni siquiera se mantiene un saludo con dirigentes que sostuvieron el trabajo político durante años. La explicación suele estar en la agenda legislativa, los compromisos nacionales y la presión de nuevos actores, pero el efecto en la base es el mismo: sensación de abandono y desmotivación para futuros procesos.

Las consecuencias de esa ruptura no son solo humanas. Políticamente, debilita la estructura partidaria en el territorio y deja a los dirigentes comunitarios sin interlocución para canalizar las necesidades de su gente.

Socialmente, refuerza la percepción de que la política premia la individualidad por encima del trabajo colectivo. Y electoralmente, erosiona la base de confianza que sostuvo la victoria, porque el votante recuerda quién estuvo presente antes y quién desapareció después.

Dirigentes intermedios y líderes locales consultados coinciden en que el problema no es exclusivo de un partido. Se presenta tanto en oficialismo como en oposición, y no depende de la edad del legislador ni de su experiencia previa. Está más relacionado con la manera en que se entiende el poder una vez obtenido: como un servicio temporal que requiere rendir cuentas a la estructura que lo hizo posible, o como un logro personal que no necesita mantenimiento territorial.

La ley no sanciona la ingratitud política, pero la dinámica democrática sí la cobra en el mediano plazo. Las organizaciones que han logrado mantener representación sostenida en el Congreso son las que preservan canales abiertos con su base, rinden cuentas periódicas y reconocen públicamente el trabajo de sus equipos. En contraste, los casos donde el vínculo se corta suelen terminar en derrotas internas, renuncias de dirigentes o migración de estructuras hacia otras figuras.

Para los equipos de campaña, la lección es pragmática: documentar acuerdos, mantener registros de contacto y sostener espacios de evaluación con el electo después de asumir. Para los legisladores, el costo de conservar la cercanía es menor que el costo de perderla. La política dominicana se construye en el territorio, y en el territorio es donde se recuerda quién estuvo antes y quién solo apareció después.

En la última elecciones congresuales es notorio ver y escuchar a dirigentes políticos, miembros y militantes que hicieron sus trabajos para hacer posible que senadores y diputados en distintas provincias de República Dominicana ganarán esa posición, pero resulta y vienes al caso que legisladores se han desvinculados de esos sectores, algunos incluso han llegado al extremo de llenarse de ego, ingratitud, arrogancia, prepotencia y enemistades.

¡MEMORIA CONTRA OLVIDO, EN EL 2028 HABRÁN ELECCIONES!

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