PENA ME DA:

Por Santiago Rafael Caba Abreu
En las circunstancias actuales existen muchas razones para pensar que hay una trama conspirativa para desestabilizar el gobierno, y obviamente el país.

Resulta que el Presidente ha pedido a la clase política que discutan un pacto de reforma constitucional, cuyo interés especial es promover la independencia del Ministerio Público, el cual se ampara en la ley del estatuto que regula su actuación. Esa propuesta encuentra la resistencia rabiosa de las dos fuerzas políticas más importantes de la oposición, y eso tiene su razón de ser.
En primer lugar, todos los miembros del Ministerio Publico fueron seleccionados en los gobiernos del PLD, el cual resulta ser la matriz de la oposición, cuyos liderazgos encarnan Danilo Medina y Leonel Fernández. En segundo lugar, el Presidente Luis Abinader designó a la cabeza de esta entidad pública a Procuradores que exhiben un notable distanciamiento político con las fuerzas partidarias tradicionales que actualmente gobiernan el sistema partidista de la nacion. Tercero, la cabeza del Ministerio Público, manifiesta una conducta frontal para perseguir y encarar judicialmente los actos de corrupción administrativa, y eso afecta a los gobiernos morado.
Es obvio entonces que, con la reforma, puede cambiar el Ministerio Publico y producir también cambio en la política criminal del Estado, lo cual quiere decir que tendríamos Fiscales a nivel nacional con un perfil distinto a los actuales.
Esto significa que estamos en presencia de una oposición política a la reforma constitucional, no solo de los partidos de oposición que resultarían víctima de la persecución por actos de corrupción administrativa, sino también a los miembros del ministerio público que se verian afectados por ella.
Me da pena, porque las ideas con las que se promovió el PLD desde la oposición antes del año 1996, fue la creación de un estado de derecho, social y democrático, lo cual se expresa en la modificación constitucional del año 2010. Sin embargo, ahora que se procura la independencia del Ministerio Público para hacer efectiva esa aspiración ideológica, ese partido se opone irracionalmente.
Los movimientos que se suscitan en la sociedad Dominicana, a partir del discurso del 27 de febrero recién pasado, me parece que tienen su origen en un plan conspirativo contra la reforma constitucional, a fin de evitar que la estructura post los gobiernos del PLD sean desmanteladas, tanto a nivel económico parido por la corrupción, como a nivel de los órganos coercitivos del estado. En ese afán, recurren al chantaje de que el gobierno lo que procura con la reforma es reducir el porcentaje de la primera vuelta electoral.
La oposición está utilizando los medios de comunicación y su gran caudal económico para crear una corriente de opinión adversa a la reforma constitucional y al gobierno, y para ello se sustentan en una campaña dirigida a acrecentar el disgusto colectivo que produce la crisis económica pre y post pandemia.
El Ministerio Publico, por su parte, desarrolla acciones operativas contra los ciudadanos, utilizando como vehículo el atropello individual o colectivo, el abuso de autoridad, el retardo de las soluciones judiciales y la instrumentación de expedientes acusatorios vacíos, con vicios o con una pésima base probatoria, a fin de que el pueblo también levante la bandera de la defensa de los derechos fundamentales y culpe al gobierno de todos sus males.
Mientras tanto, no existe una razón congruente, analítica y previsora para detener esos avances perversos que se ciernen contra la sociedad por sectores excesivamente comprometida con la corrupción y la impunidad. Eso me da pena.
Los sectores que pululan en esas fuerzas políticas opositoras desarrollan todo su arsenal propagandístico, crean estrategias de persecución contra ciudadanos nobles a través de un ministerio público que le es afecto y detienen injustamente a ciudadanos. Está en marcha el plan más conspirativo que se haya conocido, pero ahora desde estructuras estatales contra las que no existen remedios desde el poder ejecutivo. Por ello la oposición a la reforma constitucional.
«Ojo al bolo» decía un personaje Montecristeño que todos conocíamos como Lilo ojo al bolo.



