El desencanto crece Cuando en el PRM tratan de Conquistarte con las Mismas Caras que te han dado la espalda en 6 años de gobierno

POR FRANCISCO PEÑA.
A medida que se acerca el proceso político con miras al 2028, el Partido Revolucionario Moderno (PRM) enfrenta un desafío que no proviene de la oposición, sino de sus propias decisiones internas.

La historia política ha demostrado que ningún partido puede mantenerse fuerte cuando las bases sienten que han sido olvidadas. Quienes caminaron bajo el sol, tocaron puertas, defendieron candidaturas y trabajaron para construir victorias esperan algo más que promesas; esperan ser escuchados, valorados y tomados en cuenta.
Pretender construir una nueva etapa política utilizando exclusivamente a los mismos actores que durante años han estado desconectados de la militancia puede convertirse en un error estratégico. Existen dirigentes con un evidente desgaste político, figuras que generan más rechazo que entusiasmo y líderes que, aunque conservan títulos y posiciones, han perdido la capacidad de movilizar y conectar con la gente.

Las bases no buscan discursos vacíos ni lemas de campaña. Buscan señales claras de renovación, inclusión y reconocimiento. Cuando un partido coloca a las figuras frescas, dinámicas y con aceptación popular al final de la fila, mientras mantiene al frente a quienes simbolizan el abandono y el olvido, envía un mensaje equivocado a quienes aún esperan una oportunidad para volver a creer.
El liderazgo verdadero no se mide por los cargos ocupados ni por la cantidad de años dentro de una estructura. Se mide por la capacidad de inspirar, convocar y generar confianza. Y la confianza, una vez perdida, requiere mucho tiempo para recuperarse.

Todavía hay puertas por tocar, corazones por conquistar y dirigentes desencantados por reencontrar. Nada está definido. Sin embargo, cada decisión que ignore el sentir de las bases aumenta la distancia entre la dirigencia y la militancia.
El PRM aún está a tiempo de corregir el rumbo. Pero debe entender que ningún proyecto político puede aspirar al triunfo si quienes hicieron posible las victorias anteriores continúan sintiéndose enterrados en el lugar donde más duele a un militante: el olvido.
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Porque cuando las bases dejan de sentirse parte del proyecto, el problema no es electoral; es existencial.



