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En Montecristi la extracción de arena en minas y otros materiales de construcción hiere la naturaleza, las autoridades guardan silencio ante tal situación

Esta  provincia situada en la Línea Noroeste de la República Dominicana  que guarda El Morro, los manglares y el mayor sistema de salinas del país enfrenta una amenaza silenciosa: la extracción descontrolada de arena, grava y  otros materiales utilizados para la construcción de obras de infraestructuras y vías terrestre de los ríos, playas y lomas constituye un grave peligro para la naturaleza que incluye a los seres humanos.

Lo que para algunos es material para construir, para la naturaleza de Montecristi se traduce en ríos sin cauce, costas que retroceden y comunidades que pierden agua y protección frente al clima, mientras todo esto ocurre las autoridades electas por el voto popular y los funcionarios del gobierno central guardan un silencio sepulcral como si fueran cómplices o aparentemente parte del millonario negoció de la ectracyde arena y otros materiales de ríos, montañas y lugares cercanos a las playas, el Océano Atlántico y los manglares de Montecristi.

En Montecristi la minería no metálica se concentra en tres frentes. Primero, los *ríos Yaque del Norte y Guayubín*: palas mecánicas y zarandas sacan arena directamente del lecho y las terrazas aluviales, sobre todo en tramos de Castañuelas, Guayubín y Villa Vásquez. Segundo, en lomas y cerros de la zona costera y el municipio San Fernando, de donde se remueve caliche y material de relleno para urbanizaciones. Tercero,

En  Manzanillo y Punta Rucia, donde la arena de playa ha sido extraída ilegalmente por años para construcciones locales.

El problema no es la extracción en sí, sino la forma. Muchos puntos operan sin permisos del Ministerio de Medio Ambiente, sin planes de manejo y sin cierre técnico. Se trabaja a orilla de cauces, se desvían corrientes y no se respeta la cota de explotación ni los volúmenes autorizados.

 Daños a la corteza terrestre y a los ríos, los malngslres en fin a las especies marinas y los manglares por las zonas conocidas como el Griego, Mangle Y agua y Marigo muy próximo a la carretera Manolo Tavares Justo que comunica la provincia Montecristi con de Dajabón.

Sacar arena del río es quitarle su esqueleto. El  Yaque del Norte  ya presionado por sequías y represas, profundiza su cauce cuando se le extrae material. Eso socava puentes, como el de Castañuelas que hoy está intransitable, y baja el nivel freático. Los pozos de comunidades agrícolas se secan porque el agua subterránea se hunde buscando el nuevo nivel del río.

En las lomas, la remoción de caliche deja cerros  desnudos . Sin la capa vegetal ni roca que los amarra, llegan las cárcavas, los derrumbes y la erosión. Cada lluvia fuerte arrastra toneladas de sedimento que terminan en la bahía de Manzanillo y en el Parque Nacional El Morro, enturbiando aguas y matando pastos marinos.

Impacto en flora, fauna y forestación

Los manglares de Montecristi*, hogar de cría de camarones, peces y aves como el flamenco y la cuchareta, sufren doble golpe. La sedimentación por erosión los asfixia y la extracción de arena cerca de la costa altera la dinámica de mareas que los nutre. Menos manglar significa menos barrera contra huracanes y menos pesca para Palo Verde, Copey y Buen Hombre.

Están destruyendo los manglares, los humedales,  especies marinas, la apicultura, ganadería, la agricultura y el sistema de pesca en en Mangle Y agua, el Griego y Marigo mientras que los militares del Ejército de la República Dominicana del Servicio de Protección Ambiental conocido como el SENPA se hacen los ciegos, sordos y mudos.

La  forestación  retrocede En la zona de Guayubín y Las Matas de Santa Cruz, árboles como cambrón, bayahonda y guayacán no pueden regenerarse en suelos removidos y compactados por maquinaria pesada. La reforestación se vuelve casi imposible: un suelo sin materia orgánica tarda siglos en recuperarse.

La Fauna: Pierde Refugio y Agua. Las tortugas carey que anidan en playas de la zona noroeste encuentran arena removida y hoyos que impiden el desove. El solenodonte y la jutía, ya en peligro, ven fragmentados sus corredores entre la Cordillera Septentrional y los humedales costeros.

Consecuencias para la gente y la economía

El daño ambiental se convierte en daño social. *Agricultores* de banano y arroz en la Línea Noroeste reportan mayor salinización porque el mar entra más fácil cuando se degrada la línea costera y los ríos traen menos caudal. *Pescadores* de Estero Balsa y Manzanillo capturan menos porque los estuarios están colmatados. El *turismo* de naturaleza en El Morro y Cayo Arena pierde atractivo si las playas se erosionan y el agua se vuelve turbia.

Además, las comunidades quedan más vulnerables. Sin lomas con cobertura y sin cauces estables, las inundaciones son más rápidas y los derrumbes más frecuentes. El cierre reciente del puente en Castañuelas es solo un síntoma de un río enfermo.

La Ley 64-00 y el Reglamento de Seguridad Minera prohíben extraer materiales a menos de 60 metros de ríos y 500 metros de la costa sin autorización. Pero en Montecristi falta fiscalización constante y planes de ordenamiento de minas. Las soluciones pasan por:

Suspender extracciones en zonas críticas,  como el cauce activo del Yaque del Norte y áreas de manglar.

Exigir cierre técnico, quien explota debe nivelar, reforestar con especies nativas y garantizar que el área quede estable.

Montecristi no puede darse el lujo de cambiar arena por desierto. Cada metro cúbico que se saca sin control es un metro menos de playa, de los manglares y el Océano Atlántico, además están matando los ríos. La provincia necesita desarrollo, sí, pero no a costa de enterrar su mayor capital: su naturaleza.

CRIMEN ECOLÓGICO ENTRE LOS SECTORES MANGLE YAGUA, EL GRIEGO Y MARIGO EM MONTECRISTI

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