Jenry Castro el bufón de los alcaldes

Por. Willian Baldayaque
Hoy fuimos a Buen Hombre a ver una denuncia que hiciera el alcalde Jenrry Castro, sobre algo que él denominó “crimen ecológico”, y lo que pudimos presenciar no fue más que un comportamiento ridículo. El búfón es aquella persona que busca llamar la atención a toda costa, que se centra más en aparecer y generar ruido que en cumplir con sus responsabilidades; y eso describe perfectamente a Jenrry Castro.

Una pena ver a alguien en constante persecución contra empresarios que han llegado a la zona con el único propósito de impulsar el turismo. Cuando uno piensa que puede contar con las autoridades como aliados, lo que se encuentra, lamentablemente, son obstáculos y enemigos. No es la primera vez que protagoniza escándalos con impacto nacional, solo por el afán de sonar en las redes sociales, sin medir el daño colateral que genera su ambición desmedida.

El caso de la empresaria Riin Urbanik es un ejemplo claro. Una mujer que lleva más de 12 años trabajando en Buen Hombre, con una escuela de kitesurfeo que atrae cientos de turistas extranjeros cada año, generando empleos y dinamizando la economía local. En vez de tener al alcalde como un aliado en esa labor, lo tiene como enemigo. En lugar de acompañarla y apoyar su esfuerzo, lo que hace es lanzar denuncias alegres, sin pruebas, que solo buscan desacreditar y crear ruido.
Sin embargo, gracias a Dios y sin el más mínimo respaldo de él, la escuela de surf sigue adelante, creciendo paso a paso y demostrando que el desarrollo turístico en Buen Hombre no depende de un funcionario municipal, sino del trabajo constante de quienes creen en la zona.

Lo más contradictorio es ver cómo alguien que dice ser cristiano y hombre de Dios actúa con tanta persecución, disfrazándose de promotor del desarrollo, mientras por detrás se dedica al chisme, al bloqueo y a poner trabas, porque entiende que lo bueno no puede llegar a Buen Hombre si no pasa por sus manos.
Este comportamiento también refleja la obsesión del alcalde por el “sonido” y la atención pública: necesita aparecer en redes, grabarse en videos y crear escándalos para figurar, como un verdadero influencer de problemas. Ese afán por ser visto lo mantiene debajo en comparación con otros alcaldes de la provincia que trabajan de verdad, demostrando que el ruido mediático nunca reemplaza el trabajo real ni la credibilidad.

Una vez más queda en evidencia cuáles son sus verdaderos intereses, y la comunidad poco a poco se da cuenta de la farsa. El turismo es de todos, no de una persona en particular, y nadie puede seguir pretendiendo frenar lo que de manera natural está creciendo y beneficiando a Montecristi. Tarde o temprano, las facturas llegan, y la historia sabrá poner en su sitio a quienes, en vez de construir, se empeñan en destruir.



