El poder y la prensa: por qué funcionarios, autoridades electas, militares, policías, comerciantes y empresarios no deben pelearse con los medios
En Montecristi la mayoría de funcionarios públicos, representantes de instituciones del gobierno central, autoridades electas por el voto popular, encargados de de departamentos militares y policiales, además del Ministerio Público no ofrecen informaciones de sus actuaciones y en ocasiones secuestran las informaciones para que la prensa no edifique a la opinión pública

Por Santos Vásquez.
En democracia, el poder y la prensa están condenados a convivir. Uno gobierna, legisla o produce; la otra vigila, pregunta y cuenta. Cuando esa relación se rompe y se convierte en confrontación, pierden todos: pierde la autoridad que se aísla, pierde el medio que se deslegitima y, sobre todo, pierde la ciudadanía que se queda sin información. Por eso, funcionarios públicos, autoridades electas por el voto popular, militares, policías, comerciantes y empresarios tienen más que ganar cuando entienden a la prensa como contrapeso, no como enemiga.

El rol de cada actor y por qué necesitan a la prensa
Los funcionarios públicos administran recursos que no son suyos. Cada peso ejecutado, cada permiso otorgado y cada contrato firmado debe poder explicarse.
La prensa es el canal por donde esa rendición de cuentas llega al ciudadano común. Pelearse con el periodista que pregunta por una nómina o una licitación solo levanta sospechas y cierra puertas. Atenderlo, con datos en mano, fortalece la gestión y deja constancia de transparencia.
Las autoridades electas por el voto popular senadores, diputados, alcaldes y regidores le deben su puesto al pueblo. Ese pueblo se informa por radio, televisión, periódicos y redes. Declarar la guerra a un medio porque publicó una crítica es romper el puente con los mismos electores que mañana tendrán que volver a convencer. El líder que escucha, aclara y debate gana respeto, aunque no gane el titular. El que insulta o amenaza, pierde capital político que luego no recupera con vallas.

Los militares y policías tienen el monopolio legítimo de la fuerza. Precisamente por eso su actuación debe ser la más escrutada. Cuando un comandante le niega información a la prensa sobre un operativo o trata de intimidar a un reportero en la calle, envía el mensaje de que hay algo que ocultar.
La experiencia en las provincias Montecristi y Dajabón y toda la frontera con algunas autoridades cantidad mínima muestra que la colaboración con medios locales ha sido clave para explicar incautaciones, aclarar abusos y mantener la confianza de la comunidad. La prensa no es el enemigo del orden: es testigo de que el orden se aplica con ley.
Los comerciantes y empresarios viven de la reputación. Un conflicto público con un medio por un reportaje sobre precios, calidad o condiciones laborales escala rápido y golpea la marca. En tiempos de redes sociales, un “no voy a hablar con la prensa” se convierte en tendencia en minutos. En cambio, responder, corregir si toca y mostrar los cambios genera fidelidad en el cliente. La prensa económica también es vitrina: anuncia inversiones, ferias y empleos. Cerrarle la puerta es apagar esa vitrina.

Qué pasa cuando se pelean con la prensa
Primero, se pierde el control de la narrativa. El silencio oficial no detiene la noticia: la deja en manos de rumores, versiones parciales y adversarios. Segundo, se judicializa la relación. Querellas por difamación, amenazas veladas y llamadas a dueños de medios para bajar una información terminan en tribunales o en informes de la Sociedad Interamericana de Prensa. Tercero, se debilita la democracia. Una autoridad que ve al periodista como adversario pronto ve al ciudadano que reclama como revoltoso.
En Montecristi ha habido casos: funcionarios públicos, autoridades electas por el voto popular, comandantes militares y policiales que bloquean a reporteros en ruedas de prensa, agentes que borran fotos de celulares, comerciantes que retiran publicidad por una crónica incómoda. El resultado nunca es menos cobertura; es cobertura más hostil y con menos contexto oficial.
El camino correcto: respeto, acceso y respuesta
No se trata de que la prensa sea intocable ni de que todo lo publicado sea verdad. Se trata de reglas claras:
Acceso: rueda de prensa abierta, voceros designados, plazos razonables para entregar datos públicos según la Ley 200-04 de Libre Acceso a la Información.

Respuesta: si una información es falsa, se desmiente con documentos. El derecho a réplica existe y los medios serios lo conceden.
En el caso del Ministerio Público representados por fiscales muchas veces se entiende que ellos manejan casos que para no entorpecer las investigaciones de determinados procesos no ofrecen informaciones y es entendible, pero resulta y viene a este tema que en la provincia Montecristi han ocurrido casos que se han llegados a sus conclusiones pero aún así esas autoridades no ofrecen información a la prensa para mantener al tanto a la opinión pública.
Desde el Ministerio Público de Montecristi, a la hora de un periodista, comunicador, productor de programa de radio y televisión a asistido a la oficina de la fiscalía para buscar información de niegan a recibirlo lo que deja mucho que decir de esa acción que hace mucho mal a la democracia Dominicana.
Respeto: el periodista no es “bocina” ni “chantajista” por oficio. Y el funcionario no es “corrupto” por cargo. Generalizar envenena el diálogo.
Capacitación*: militares, policías y servidores deben recibir entrenamiento en cómo tratar a la prensa en escenas de crimen, desalojos o emergencias. El reportero también debe conocer los límites legales de una investigación.
Ganar-ganar: la prensa como aliada
Cuando el alcalde explica con planos por qué se cerró un puente, la gente entiende y colabora. Cuando el comandante regional muestra la droga incautada y detalla el proceso, la comunidad aplaude y denuncia más. Cuando el empresario abre su fábrica a un recorrido y responde sobre salarios, se posiciona como marca responsable. La prensa multiplica esos mensajes a un costo que ninguna valla puede pagar.
Peleársela con la prensa es pelearse con el espejo. Puede romperse, pero seguirá habiendo reflejo. Funcionarios, autoridades electas, militares, policías, comerciantes y empresarios que entienden esto, gobiernan, protegen y venden con menos ruido y más legitimidad. Al final, el que tiene la razón no teme al micrófono: lo usa.



